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Teoría del programa Control Total
lo que debes saber y lo que no debes hacer
1- Eyaculación Precoz: ¿evolución o enfermedad?
La desaparición del deseo es uno de los principales obstáculos que toda pareja puede llegar a enfrentar en algún momento de su relación. No es un tema menor ni una molestia pasajera: es una de las principales razones por las cuales el amor, que parecía suficiente, puede terminar fracasando.
Desde la experiencia clínica sabemos que una de las principales causas de esta desaparición del deseo es la insatisfacción sexual sostenida. Semana tras semana, mes tras mes, año tras año, el cuerpo aprende que el encuentro íntimo no es una fuente de placer, sino de frustración.
Es una respuesta inteligente del organismo. Cuando la experiencia sexual se convierte repetidamente en una experiencia displacentera, el cuerpo reduce o elimina el deseo para evitar seguir sufriendo. El problema es que esa defensa termina anestesiando también el vínculo: la pareja deja de tocarse, luego deja de desearse y finalmente deja de encontrarse, haciendo normal lo inaceptable.
El caso de Manuel y Lucía lo ilustra con claridad: después de años de insatisfacción continua por la creciente dificultad de Manuel para controlar su eyaculación, a pesar de sus intentos por resolverla, el cuerpo de ella se apagó.
Tras un diagnóstico integral, Manuel inició un entrenamiento para el control de la respuesta sexual. Como parte de este, dejó de utilizar el retardante y el fármaco que le habían prescrito, dejó de pensar en el partido de fútbol para retardar su eyaculación e interrumpió el programa para el suelo pélvico que había adquirido en las redes sociales. Esos tratamientos solo les habían generado gastos inútiles, expectativas incumplidas, distrés y resentimiento. Gracias a esa iniciativa Lucía y Manuel pudieron mantener viva la elección que dio origen a su relación y, al cabo del tiempo, recuperar su sexualidad.
Para comprender cómo Manuel logró salvar su relación convirtiéndose en un buen amante, necesitamos conocer primero el origen de su dificultad, así como comprender los motivos por los cuales suele empeorar con el tiempo. En la segunda parte de esta entrega veremos por qué llegó a normalizarse, cuáles son las soluciones propuestas por los falsos profetas y por qué fracasaron los primeros intentos de Manuel por superar su dificultad.
Un origen mal comprendido: coito, orgasmo y evolución
El caso de Manuel y Lucía está relacionado con dos datos que conviene mirar juntos: el coito promedio del ser humano dura tres minutos y medio, y solo un treinta por ciento de las mujeres alcanza el orgasmo durante el coito. Puestas una al lado de la otra, estas dos cifras explican gran parte del sufrimiento sexual que se vive en la intimidad.
Según nos contó el Dr. Wardell Pomeroy en una de sus clases, inicialmente se creyó que la eyaculación rápida era producto de los hábitos de masturbación ocultos y vinculados con la culpa. Posteriormente, gracias a la publicación de Patterns of Sexual Behavior de Clellan Ford y Frank Beach, supimos que la duración del coito humano era la más larga que existía en el planeta, a consecuencia de la conducta gregaria de los homínidos, quienes podían cuidarse mutuamente durante el acto sexual (Ford y Beach, 1951).
Los datos publicados dos años después en Sexual Behavior in the Human Female por Kinsey, Wardell y colaboradores provocaron largas discusiones entre los antropólogos. Porque si el coito humano era el más prolongado del reino animal, ¿cómo era posible que esos tres minutos y medio fueran insuficientes para provocar el orgasmo en la hembra humana? De acuerdo con las leyes evolutivas, la selección natural debería haber favorecido a los hombres de coito más prolongado.
Durante años se propusieron distintas explicaciones. Sin embargo, la respuesta terminó apareciendo cuando los investigadores dejaron de preguntarse cuánto duraba el coito y comenzaron a preguntarse cuál era la función evolutiva de la vagina y su relación con el orgasmo coital.
La polémica se disolvió cuando comprendimos algo que incomoda pero que es necesario decir: la evolución no favoreció el coito prolongado porque el orgasmo femenino no es necesario para la fecundación. La mayor parte de las hembras de este planeta no participan del coito para alcanzarlo. El motivo es muy sencillo: la vagina no evolucionó como un órgano para el placer.
La misma lógica evolutiva aplica al control eyaculatorio masculino: siendo que el orgasmo coital de la mujer no es parte de las expectativas, la evolución no tuvo necesidad de desarrollar esa habilidad en el varón. Por eso la dificultad de Manuel no era una disfunción ni una enfermedad sino una limitación relativa: el control de su respuesta sexual era algo que debía ser descubierto, aprendido y cultivado.
Según muestran las estadísticas, todos los hombres inician su vida sexual como Manuel. Es la configuración inicial del ser humano. Algunos pocos logran superar la barrera del minuto y permanecer en el límite de los tres minutos y medio. Otros pocos logran aprender a controlar su respuesta sexual por sí solos, sin entrenamiento dirigido; sin embargo, a la mayoría, como a Manuel, se les agrava la dificultad con el tiempo.
Cuando el tiempo se acorta: las cuatro razones
Después de todos estos años de intervenir en las crisis relacionales para salvar el vínculo, he llegado a reconocer las siguientes razones por las cuales la falta de control agrava la condición hasta llevarla a un extremo:
Por eso decimos que lograr el control de la respuesta sexual representa un salto evolutivo de enorme trascendencia. No se trata simplemente de mejorar el desempeño sexual, sino de desarrollar capacidades que la evolución biológica nunca tuvo necesidad de construir por sí sola.
Habiendo comprendido que la evolución no diseñó el control eyaculatorio como una habilidad innata y las razones que agravan la dificultad, llegamos ahora a un hecho insólito que sería imperdonable no comentar: la psiquiatría oficial ha normalizado como ‘no patológico’ un tiempo de coito que deja insatisfecha a la mayoría de las mujeres.
En la segunda parte compartiré ese tema y las supuestas soluciones a la dificultad vista como enfermedad o disfunción, propuestas por la medicina y la sabiduría popular.
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