Canción Vietnam, KimKim Phuc, la niña de la foto y el fotógrafo Nick Ut 

artículo sobre Vietnam en producción

Comparto esta bella historia con la intención de hacerte vibrar en la frecuencia de la navidad y desearte un feliz y próspero año nuevo.

Hace unos años una emisora de radio de Inglaterra me invitó a participar en un programa especial sobre la historia de los cuatro grandes. Dicho programa se llamó They Beat the Beatles y estuvo dedicado a contar la increíble anécdota del cómo fue que la popularidad del cuarteto había sido superada, al menos en una ocasión, por un grupo de rock costarricense totalmente desconocido. Allí me invitaron a compartir la siguiente anécdota, desconocida por la mayor parte de las y los costarricenses y casi olvidada por quienes la conocieron.

En junio de 1972 la revista New York Times publicó la foto aterradora que acompaña esta publicación, en la cual una niña vietnamita desnuda huye despavorida de su pueblo, recién atacado por soldados norteamericanos con bombas de napalm. 

La expresión de Kim Phuc, la niña captada por el fotógrafo Nick Ut e inmortalizada por el premio Pulitzer (1973), me provocó un profundo malestar. Para mí fue una imagen avasalladora que resumía el infierno vivido por el pueblo vietnamita desde cuarenta años atrás, primero venciendo al ejército francés y luego luchando en contra del ejército norteamericano. Todo ello resumido de una forma brillante en el libro Crímenes de Guerra en Vietnam, por el filósofo y matemático inglés Bertrand Russell (1872-1970). 

La foto que acompaña esta publicación corresponde a la portada de su libro recién publicado. En la parte de arriba puede verse a La niña de la foto, ahora adulta, con uno de sus hijos. Las otras fotos fueron agregadas por mi. El escrito es su agradecimiento y dedicatoria: gracias por la canción. Con paz y amor Kim Puc. 

Cuando vi por primera vez la foto de Kim corriendo aterrorizada me remonté a la noche en que, estando en el Bar Chelles en el centro de San José, comenté a mis amigos que acababa de terminar de leer el libro de Russel, e improvisé con mi guitarra una canción, la cual posteriormente dediqué a la niña de la foto, sin saber su nombre, y cuyo coro dice así: “en estos momentos en Vietnam, mueren muchos sin poder protestar, gritan alto, pero nadie les oye. Sus familias han muerto ya. ¿Y para qué?”. 

Según conté en el programa de radio mencionado, uno de mis amigos copió la letra de la canción en una servilleta y otro grabó la música en su corazón, sin imaginarse lo que pasaría después.

Al salir del bar esa noche, vi por primera vez en mi vida a tres mendigos durmiendo en un cartón. Jamás olvidaré la extraña sensación que sentí al caminar frente a ellos como si no estuvieran allí.

Ahora tendría que seguir viviendo como si esa dura realidad no existiera. Sin embargo, al llegar a mi casa no pude dormir. En su lugar compuse la canción El grito de la juventud, cuyo coro dice así: “¡Unámonos todos para triunfar cantando sin descansar: queremos un mundo de amor, queremos un mundo de paz”.

Según seguí contando en el programa mencionado, la semana siguiente, en la reunión de nuestro grupo pacifista JUSURE, nos visitó un extraño personaje, a quien llamaré el Señor del sombrero. Según el elocuente visitante, se había demostrado científicamente que comerse una naranjilla equivalía a comerse 20 bistecs. Siendo así, sembrando y repartiendo naranjilla podríamos alimentar de forma adecuada a todos los mendigos que estaban comenzando a vivir, por aquellos tiempos, en las calles de la capital.

El momento no pudo ser más oportuno. Como presidente de la agrupación juvenil propuse que apoyáramos al Señor del Sombrero, quién tenía un terreno en donde podría sembrarse la naranjilla, si lográbamos recaudar cinco mil colones para cubrir el costo de la semilla y la siembra. Una vez cosechada la fruta, podríamos buscar a una empresa patrocinadora, repartirla y volver a sembrar y cosechar de forma permanente. 

La idea era genial, pues los desamparados por la sociedad podrían alimentarse bien y yo podría volver a comer y a dormir tranquilo. 

Así las cosas, alguien sugirió que grabáramos e imprimiéramos en acetato la canción El grito de la Juventud, el tema más gustado por mis conocidos en ese momento, y que vendiéramos entre nuestros padres, madres y amigos los discos sencillos necesarios para conseguir el dinero. Como JUSURE era un colectivo pacifista, del otro lado del disco grabaríamos Vietnam. Así podríamos conseguir el dinero necesario para llevar a cabo el Operativo Naranjilla.

Un mes después contratamos una hora de estudio en Audio Centro e hicimos la grabación bajo el nombre grupal Paz, Amor y música. Toda una proeza, pues sólo unos pocos integrantes sabíamos de antemano tocar el instrumento elegido. Según compartí al público inglés, los demás integrantes del grupo fueron entrenados por mí para la grabación en el transcurso de ese mes, lo que hizo la historia aún más inverosímil. 

Según recuerdo, Carlos Meza Vargas se encargó de la batería, Arturo Lang del bajo, Efraín Vargas del teclado, Orlando Valverde Pacheco de la trompeta y Juan José Carranza Ulloa de la segunda guitarra. Por último, yo me encargué de la voz principal y de la primera guitarra y Jorge Araujo, Jose Antonio Monturiol y Jorge García Zeledón se encargaron de los coros. 

Aunque la ejecución musical fue muy poco profesional y la edición bastante mala, en menos de tres meses logramos vender los discos necesarios para entregarle los cinco mil colones al Señor del sombrero quien, en contra de toda expectativa, desapareció con el dinero como por arte de magia.

De haber llegado hasta allí, la historia del tema Vietnam habría tenido un triste final y hoy no estarías leyendo esta publicación, pues no me habrían invitado al programa de radio inglés. Sin embargo, como verás, ese fue solo el comienzo de una larga aventura.

Estando así las cosas, aunque Radio Juvenil no podía programar música en español, se nos ocurrió darle un disco a nuestro gran amigo Manolo Gavilán, quién era programador de la radio y estudiaba con nosotros en el colegio Calasanz. 

Un día muy temprano en la mañana, Manolo programó ambos lados del disco o le solicitó hacerlo al programador del momento, según entiendo, a escondidas de sus superiores. La respuesta fue tan abrumadora como inesperada, pues a partir de ese momento Vietnam comenzó a ser solicitada por los oyentes de forma permanente, primero en esa radioemisora y luego en al menos otras dos, dedicadas a música en español de otros estilos muy diferentes.

Ya para ese entonces yo me había ido a llevar un curso a los Estados Unidos. Estando allá en medio de la lucha estudiantil pacifista, Vietnam fue subiendo en los índices de preferencia hasta llegar al primer lugar de popularidad y mantenerse allí durante 17 semanas seguidas, logrando un récord no superado hasta la fecha.

Ese éxito inusitado convirtió a Vietnam en la primera canción en español en llegar al primer lugar de preferencia en Costa Rica y en el primer tema musical en desplazar a un segundo lugar a un tema de los Beatles (Ancle Albert) en el Hit Parade nacional y en el Decagrama dirigido por José Cordero. Por ese motivo me invitaron al programa inglés y por eso a la entrevista se le llamó They beat the Beatles (Ellos vencieron a los Beatles).

Más allá de lo personal, eso significó un gran logro para los cantautores y los grupos de rock latinoamericanos, quienes fueron invisibilizados injustamente por las radioemisoras ticas, hasta el día en que el diario La Nación publicó un artículo de José Cordero que inició diciendo: ‘‘Vietnam viene a probar que en Costa Rica si se pueden hacer buenos discos y buenas canciones.’’ 

Sea como fuere, en mi libro El camino de la evolución consciente, cuento lo extraño que fue para mí regresar de los Estados Unidos convertido en una especie de ‘héroe del rock’. Allí comparto la historia de mi primer y único concierto como cantautor famoso, en el cual fue imposible escucharme cantar, debido a los gritos de las fans. También comparto los motivos que me llevaron a suspender el concierto en el mejor momento, y la anécdota de la monja que me persiguió y rompió los botones de mi camisa, en su intento fallido por hacerme regresar a la tarima.

Todo ello fue muy impresionante, sin embargo, lo más impactante fué lo que viví cuando asistí a misa por primera vez, después de mi regreso a Costa Rica, pues en el momento en que me levanté a hacer fila para la comunión la congregación entera comenzó a cantar Vietnam. Esa fue una de las sorpresas más grandes que me he llevado en la vida porque, además de todo, Vietnam fue la primera canción en español que escuché en una Iglesia Católica. Como si eso fuera poco, después me enteré de que no la habían cantado porque yo estaba allí, sino porque se había hecho costumbre hacerlo, al menos en esa Iglesia. De hecho, cuando se publicó la fotografía en el New York Times volví a vivir esa experiencia en la capilla del Colegio Calasanz, y fue a partir de ese momento que dediqué la canción a Kim Phuc. 

Regresando al tiempo de la foto premiada, Kim fue rescatada por una organización pacifista y operada en múltiples ocasiones, hasta sustituir toda su piel quemada por otra que le permitiera seguir viviendo. Así las cosas, más de cincuenta años después, por esas obras misteriosas del destino, llegó a enterarse del efecto de la canción Vietnam en el movimiento pacifista costarricense gracias al programa de radio inglés y a la intervención de mi primo hermano Mauricio Ortiz Ortiz, quién la conoció y nos contactó siendo Embajador de Costa Rica en Canadá.

Así, haciendo la historia corta, el pasado 21 de noviembre de 2021, pudimos conocernos, vernos y hablarnos a través de un caluroso diálogo por internet. Mi primo le entregó una copia original del disco y una versión de mi libro. A su vez, ella me obsequió una copia del suyo recién publicado, en el cual cuenta su historia. 

Ese fue un momento sagrado y muy emotivo para ambos. Ella me agradeció lo hecho de una forma realmente sincera y me informó que vendría a Costa Rica el año entrante, para conocerme y presentar su libro traducido al español.

Según cuenta Kim, el fotógrafo  Nick Ut no solo le tomó la foto, sino que después de hacerlo la acogió y la llevó a un hospital, donde fue declarada muerta y su cuerpo colocado al lado de un montón de cadáveres. Sin embargo, al llegar a reconocer su cuerpo, un pariente notó que respiraba y así lograron salvarle la vida.

Según Kim, gracias a esa acción de Nick Ut, quien no se contentó con tomarle la foto, pudo iniciar su proceso físico y espiritual de transformación para sanar sus heridas, manteniendo la esperanza de que lo bueno de la humanidad puede llegar a ganarle a lo malo. Como ejemplo, mencionó nuestro esfuerzo por grabar El grito de la juventud para alimentar a los hambrientos y por grabar Vietnam para motivar y fortalecer el movimiento pacifista. Por mi lado, yo le expliqué que le había dedicado Vietnam  de parte de quienes todavía queremos y podemos hacer algo, cuando vemos a un ser humano sufriendo. 

Es lamentable que existan personas como el Señor del sombrero, listas para aprovecharse del sufrimiento ajeno. Sin embargo, es esperanzador que también existan quienes, como Nick Ut y Manuel Gavilán, no se contentan con tomar la foto. 

            Kim y yo tenemos ahora una nueva piel. La de ella lograda a través de más de 10 operaciones. La mía curtida por una lucha sin fin, dedicada a la creación de un ser humano mejor. Tenemos diferente piel, sin embargo, ambos seguimos teniendo el mismo corazón y la misma esperanza. El corazón del ser humano despierto y la esperanza de que algún día la humanidad que continúa dormida despertará y comprenderá lo que dice Kim en la portada de su libro: no podemos cambiar la historia, pero con amor podemos sanar el futuro.

Que esta lectura te sirva para recordar que tu aporte a la humanidad, por más pequeño que parezca, puede ser determinante. Nunca se sabe hasta dónde va llegar el efecto de una acción intencionada por la paz y el fortalecimiento de una nueva evolución. Una evolución que ya no sea determinada por el azar, la fuerza y la necesidad, sino por el saber, la intención y la abundancia.

Así, la foto de Kim le dió un impulso tan grande al movimiento pacifista, que a finales de ese año el ejército de Estados Unidos abandonó Vietnam. Así mismo, la programación del tema Vietnam en contra del protocolo oficial, le abrió las puertas de la Iglesia y de la radio a la “música protesta” y a la “nueva trova”.  

Para escuchar la canción u obtener mi libro escríbeme al whatsapp (506) 83604812. Espero que hayas tenido una feliz navidad y que tengas un próspero año nuevo.

Sinceramente, 

Javier Francisco Ortiz

(506) 8360-4812

jfortiz@fundacióngaiacr.org

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